El 35% de las españolas que se someten a una inseminación no tienen pareja

By 29/09/2015Publicaciones

Madre solera

En 2012 la actriz Mónica Cruz decidió cumplir su sueño: tener un bebé. Para ello acudió a una clínica de fertilidad, y así nació su hija, Antonella. La cantante Merche tuvo que pasar un largo proceso hasta que recogió el año pasado a su hija en la India. La baronesa Thyssen recurrió a la maternidad subrogada (vientre de alquiler) para dar dos hermanas a su hijo Borja. Las tres tienen en común que quisieron ser madres en solitario. Ellas son los rostros conocidos, pero miles de mujeres anónimas se les suman en una tendencia al alza. La Sociedad Española de Fertilidad calcula que entre un 15% y un 20% de las que acuden a las clínicas de reproducción asistida lo hacen sin pareja. Además, de cada 10 niños adoptados en nuestro país, uno se integrará a una familia monoparental encabezada por una mujer.

En España -tal como informa el Instituto Nacional de Estadística (INE)- el año pasado había 1.754.700 hogares monoparentales, de los que 1.450.400 eran sustentados por mujeres (el 82%). El perfil de las que deciden, por voluntad propia, tener un hijo en solitario es el de una profesional de entre 35 y 45 años, con estudios superiores y estabilidad económica. Las clínicas de fertilidad han notado cómo la demanda ha ido creciendo en los últimos años de forma considerable: mientras en 2010 un 20% de las inseminaciones artificiales se practicaban a mujeres sin pareja, en la actualidad esa cifra ha aumentado hasta el 35%. También apuntan un fenómeno: la edad de las chicas que se interesan por este modelo de familia ha descendido y aumenta el número de quienes lo demandan recién cruzada la frontera de los 30 años.

No obstante, estas mujeres que logran ser madres en solitario tras una meditada reflexión, con un respaldo económico y familiar importante, se enfrentan a varios problemas. El principal, cómo afectará al menor no crecer con un padre a su lado. Marta Villarreal, psicoterapeuta y miembro del Grupo de Interés de Psicología de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), organiza talleres para asesorar a chicas que toman esta decisión y resume las inquietudes que muestran las futuras mamás: «A todas les preocupa qué ocurre en una familia donde no existe la figura paterna y cómo van a contarles a su hijo que ellas han optado por traerlos al mundo en solitario. Los niños van a crecer con una carencia respecto a las familias tradicionales, pero eso no se traduce en que vayan a sufrir más trastornos emocionales. De hecho, el problema más frecuente surge cuando las madres no se dan la licencia de separarse de ese hijo para tomar un café con las amigas, o conocer a un hombre. Yo les insisto en que entre unas y otros debe correr el aire, porque una cosa es ejercer la maternidad en solitario y otra, bien distinta, es ser una madre sola».

Rosa Maestro, fundadora de la web Masola.org y madre de dos hijas (una adoptada y otra fruto de una inseminación artificial), eleva la voz para que se equiparen los derechos de estas familias a los de las numerosas. Hasta ahora solo Calatuña y Valencia otorgan un carnet de familia monoparental que permite acceder a becas de comedor o descuentos en el transporte público del 50%. En el resto de España, estas estructuras siguen siendo más vulnerables porque, según afirma Rosa, «sufrimos discriminación, ya que no se contempla la diversidad familiar en ningún ámbito, ni en el político ni en el social ni en el fiscal».

Pero existe otra realidad, menos idílica, detrás de ese casi millón y medio de hogares sin figura paterna, según un informe elaborado por la ONG Save the Children que se dio a conocer el pasado mes de julio. El título, ‘Más solas que nunca’, ya da una idea de los resultados que arroja. El más llamativo es que la pobreza severa afecta a una de cada cuatro familias monoparentales, frente a una de cada 10 biparentales.

De la encuesta ‘Condiciones de vida’, realizada por el Instituto Nacional de Estadística el año pasado, se desprende que en un 63% de los primeros hogares no pueden disfrutar ni de una semana al año de vacaciones (el 42% en el caso de los segundos) ni afrontar gastos imprevistos (el 62% frente al 39%). Ana Sastre, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia en Save the Children, asegura que la principal dificultad que tienen las cabeza de familia es la incorporación al mercado laboral. «Salir de la pobreza es complicado para esas mujeres, porque al elevado número de desempleadas se une que, cuando logran un puesto, suele ser precario», afirma Sastre, quien añade: «Hay un menor de nivel de ocupación entre las madres solas porque falta una red de apoyos y la conciliación resulta prácticamente imposible. Además, entran en un círculo vicioso, pues sus hijos sufren riesgo de exclusión desde pequeños». Rodrigo Hernández, responsable de Save the Children en Valencia, trabaja directamente con las familias monoparentales en peligro de marginación «tanto apoyando a los niños para que estudien como ayudando a las madres en su búsqueda de empleo. La crisis se ha llevado por delante a mucha gente y la incidencia en este tipo de estructuras es aún mayor; tenemos que darles hasta comida, porque los niños pasan hambre en casa».

Aun con estos impedimentos, cada día más mujeres deciden no renunciar a la maternidad por el hecho de no haber encontrado un príncipe azul con el que emprender la aventura. Cuatro madres nos cuentan cómo llegaron a formar una familia sin la figura paterna.

FUENTE: elmundo.es