El problema no es no poder tener hijos, sino no aceptarlo

By 02/12/2014Publicaciones

El deseo de la maternidad tras un fracaso de los tratamientos de...

El deseo de la maternidad tras un fracaso de los tratamientos de reproducción se asocia a depresión. RAÚL ARIAS

Que la medicina reproductiva ha avanzado considerablemente en los últimos años es un hecho indudable pero aún se está lejos de poder garantizar que cualquier mujer que quiera ser madre puede conseguirlo, incluso con las últimas técnicas de reproducción asistida. Un estudio publicado en la última edición de Human Reproductionanaliza la salud mental de aquellas féminas que, tras intentar ser madres con ayuda de la medicina, no lo lograron. La conclusión: no aceptar la condición de infertilidad tras someterse a tratamientos frente a la misma está asociado con una peor salud mental, incluso si se han tenido hijos previos, pero diversos factores influyen en el grado de asociación.

Para llegar a sus conclusiones, los investigadores de la Cardiff University (Reino Unido) y el Radboud University Nijmegen Medical Centre (Holanda) analizaron a un amplio grupo de mujeres (7.148) que habían empezado un tratamiento de fecundación in vitro (FIV) en 12 hospitales holandeses entre 1995 y 2000. De ellas, un 20,9% no había logrado tener hijos tras los tratamientos y un 5,9% seguía -a pesar de los años transcurridos- deseando hacerlo.

Según los autores, se trata del primer estudio que investiga el impacto en la salud mental de estos tratamientos a largo plazo y lo relaciona tanto con el éxito o fracaso de los mismos como con la condición de maternidad de las participantes. Y lo que demuestra la investigación es que el factor que más influye en una peor salud mental tras pasar por una experiencia de este tipo no es haber conseguido o no ser padres, sino mantener el deseo de la maternidad tras el fracaso de los tratamientos.

Así, este problema puede afectar tanto a mujeres que han ido a buscar ayuda para tener el primer hijo, como a las que han recurrido a la reproducción asistida para conseguir el segundo, uno de los datos que más ha llamado la atención de la psicóloga del IVI Sevilla María del Mar Tirado.

Esta especialista, que trabaja día a día con parejas que necesitan tratamiento para tener hijos, sostiene que el estudio dice algo «evidente» pero que es positivo que «esté demostrado científicamente». El trabajo pone de relevancia lo que los psicólogos ya saben: que, ante una necesidad o decisión de abandono del tratamiento, hay que «aprender a cambiar el foco de la meta vital». «Si no, se va a generar una frustración alta que va a hacer difícil la aceptación real», sostiene Tirado.

Los autores del estudio, no obstante, han descubierto otros factores -además del mantenimiento del deseo maternal- que influyen en una peor salud mental tras el abandono de tratamientos. Así, las mujeres mostraban mejor salud mental si la infertilidad se debía a un factor masculino o tenía una causa desconocida. También las participantes que habían empezado la FIV a una edad más tardía tenían mejor pronóstico psicológico que las que comenzaron con la búsqueda de ayuda a una edad más temprana. Por último, el estar casadas o vivir en pareja era un factor asociado con una mejor salud mental.

Los autores del estudio señalan las consecuencias prácticas del mismo. En primer lugar, sugieren, el personal de los centros de reproducción asistida debe preparar a los pacientes para la posibilidad de que el tratamiento fracase y se sufra un proceso de duelo, algo en lo que coincide la psicóloga del IVI que, no obstante, cree que siempre se ha de respetar el deseo de los pacientes de «seguir intentándolo todas las veces que quieran».

Los investigadores también creen que, a lo largo del tratamiento, se debe de hablar de la aceptación de una posible (aunque hipotética) aceptación de una vida sin hijos, algo que, según Tirado, se hace habitualmente cuando empiezan a fracasar los intentos de reproducción asistida.

Por último, los autores del estudio señalan que el personal de las clínicas debe «estar disponible» tras el fracaso de los tratamientospara hablar con los pacientes que no han conseguido su objetivo. La psicóloga sevillana explica que esta es una opción en el centro donde ella trabaja aunque señala también que «puede ser duro» para los pacientes volver a la clínica a trabajar sobre su pérdida porque les puede «hacer mantener alguna esperanza».

FUENTE: EL MUNDO 

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