Salud emocional: Quedar embarazada

By 20/09/2019Publicaciones

Tener un hijo es una experiencia con la que todas las personas en algún momento hemos experimentado. De alguna forma, hemos planificado cuántos tendremos, el sexo que nos gustaría que tuvieran y el momento en que los tendríamos. No obstante, cada vez es mayor el número de parejas diagnosticadas de esterilidad, recientemente se ha estimado que 15 de cada 100 personas son estériles (Ordás, 2016).

Cuando nuestra capacidad para concebir, no es cómo pensábamos, puede dar lugar a diferentes alteraciones emocionales:

  1. ANSIEDAD:

El propio tratamiento médico y sus vicisitudes es fuente de ansiedad. Son comunes las preocupaciones sobre si se están tomando las decisiones adecuadas. Si han elegido bien el tratamiento o la clínica. Si su salud puede estar viéndose afectada, etc.

El resultado de los tratamientos no puede controlarse completamente, y las pacientes suelen preveer (especialmente cuando han realizado varios ciclos) que van a obtener resultados negativos.

Existe una influencia negativa entre estrés y ansiedad en los tratamientos. Se detecta un bloqueo psicológico debido a la aparición de ansiedad, ánimo deprimido o depresión y la desesperanza.

  1. DEPRESIÓN:

Cuando no existen suficientes habilidades para afrontar el problema, en muchos casos aparece la depresión o tristeza excesiva.

Puede influir también el dejar de hacer actividades con las que antes disfrutaban y la tendencia al aislamiento social y familiar. Muchas veces, por sentirse diferentes al resto de parejas que sí tienen hijos, por sentirse incomprendidas o por creerse que los demás piensan que son “egoístas” por no tener hijos.

También influye en esta tristeza el sentimiento de culpa y las posibles dificultades de pareja.

La tristeza es especialmente excesiva, cuando existen pensamientos negativos hacia el mundo (ej. “todos pueden tener hijos menos yo”), el futuro (ej. “nunca seré madre”) o uno mismo (ej.”no soy capaz de hacer algo tan básico como quedarme embarazada).

  1. IMPOTENCIA

Es común sentir impotencia por la falta de recursos para solucionar el problema. Se siente que no se hacer nada más que lo que se está haciendo, y que no es suficiente.

Además, no se está preparado para una situación como esta y no se cuentan con recursos para luchar contra ella, al menos en un principio.

  1. RUPTURA DE EXPECTATIVAS

En un primer lugar, por tener dificultad para tener hijos y tener que ir a tratamiento. En segundo lugar, por realizarlos pensando que una vez iniciado, conseguirán su objetivo en poco tiempo. Esto ocurre en un porcentaje pequeño de casos, ya que, al igual que la concepción natural, el embarazo se consigue tras varios meses de intentos, lo que significa, varios ciclos de tratamiento.

Además, a la pareja puede recomendárselo optar por la recepción de óvulos o esperma donados, y tener que renunciar a la herencia genética para ser padres.

En otras ocasiones, se rompen las expectativas de los pacientes porque los tratamientos médicos no funcionan y han de plantearse una vida sin hijos.

  1. SENTIRSE SOLO Y ÚNICO ANTE EL PROBLEMA

Irracionalmente, muchas personas piensan que ellos son vulnerables a los problemas de fertilidad, y cuando se les diagnostica resulta inesperado. Y se produce un choque en la manera como se entendía la vida.

Cuando ven que la gente a su alrededor tienen hijos y ellos no, pueden sentir que son los únicos con esta dificultad, mantener en secreto el problema y aislarse del resto de personas. Lo cierto es, que muchas de esas personas pueden haber tenido también problemas, pero también han decidido vivirlo en secreto.

Puede resultarles complicado explicar sus problemas de reproducción, por temor a las consecuencias sociales por los tabúes relativos a la infertilidad, temiendo que sus futuros hijos se vean implicados.

  1. SENSACIÓN DE PERDIDA DE INTIMIDAD Y CONTROL

La intervención médica implica responder a los profesionales acerca de cuestiones que suelen vivirse como emocionalmente íntimas y del propio control. También pueden encontrarse con la novedad de decidir cuestiones que les resultan poco familiares o sobre las que tienen prejuicios (ellos o los demás) y sentirse cuestionados. Por ejemplo, aceptar la opción de la ovodonación y encontrarse que la gente de su alrededor no comparten su visión.

  1. CULPA Y FRACASO

Esta sensaciones pueden verse influidas por la sensación de fracaso y culpa, especialmente en los casos de origen idiopático. Cabe decir acerca del miembro que ha sido diagnosticado, que las personas de su alrededor conocedoras del problema, suelen preguntar o tratarle como “el que tiene la culpa”, sintiéndose mal por este hecho no elegido.

También pueden sentirse culpables por haber priorizado la carrera profesional a tener hijos, por haber tomado anticonceptivos, por abortos pasados, etc.

CONCLUSIÓN:

No es suficiente con tratar de sentirse mejor intentando “no pensar en el problema”,  en las dudas que se tienen o resignarse a la felicidad hasta que se consiga tener un hijo. La gran mayoría de casos atendidos en las consultas psicológicas mejoran los síntomas siguiendo el tratamiento adecuado. También puede ayudarte el hecho de unirte a asociaciones de personas con problemas de infertilidad, como ASPROIN.

BIBLIOGRAFÍA

Ordás, 2016. Noticia publicada en  http://elmedicointeractivo.com/mas-15-poblacion-espanhola-esteril-20160202160825087352/

FUENTE: María Peña, psicóloga sanitaria (ASPROIN)