Las fases del proceso y la curva de emociones

By 07/05/2018Publicaciones

Buenas, soy María Peña, psicóloga sanitaria y colaboradora de ASPROIN.

 

En esta entrada les vamos a hablar del patrón emocional de esperanza-pérdida, conocido metafóricamente como “la montaña rusa emocional” ha sido estudiado por autores como Mikesell.

Se trata de un patrón característico en las personas que han obtenido reiterados resultados negativos en sus tratamientos de reproducción asistida.

Pensamos que es importante que conozcáis este proceso para comprenderos a vosotros mismos, a vuestra pareja y a todo aquel que pueda experimentar estas emociones que se encuentren en tratamientos de reproducción.

Al principio, especialmente en el primer o segundo tratamiento, surgen muchas dudas y esperanzas por todo el abanico de opciones de tratamiento y avances científicos que existen. Se genera expectativas elevadas sobre su funcionamiento, muchas de ellas irreales. En un principio, esto puede ser positivo para reducir el impacto emocional sentido al ser diagnóstico de infertilidad.

Cuando ya se han realizado varios tratamientos de reproducción asistida, la cosa cambia, aunque por otra parte pasar por 3-4 ciclos sin conseguir resultados es una situación bastante normal y habitual en reproducción asistida.

Al comenzar un nuevo tratamiento de reproducción asistida, pueden aumentar las esperanzas de que esta vez sí ocurrirá el embarazo. El estado de ánimo suele ser optimista pensando que “esta vez será la buena”. Con sensación de ser parte activa, de “estar haciendo algo para lograrlo” y aumentando la sensación de nerviosismo a medida que se acerca el día señalado y durante los primeros días de la beta-espera.

Durante la espera de los resultados, el estado de ánimo suele fluctuar. Especialmente en las mujeres intensificado por los cambios hormonales de la medicación. Hay momentos en que se encuentran pesimistas, enfadadas, sin ganas de nada… En cambio, en otros momentos, más optimistas, fuertes, esperanzadas.. Estos cambios pueden ser muy acusados, pasando de uno a otro en cuestión de horas.

El día del resultado de la beta, hay un torbellino de emociones, todavía más intensificado que los días previos.

Si se obtiene el resultado positivo, es estupendo, pero la alegría viene acompañada de una enorme sensación de pánico de “que no sea real” o a una pérdida futura de embarazo.

Cuando los resultados son positivos, pero inseguros, o a los días son negativos, o acaban en abortos… pueden producirse duelos complicados, depresión, ansiedad, un miedo grandísimo a volverlo intentar. Estos síntomas suelen agravarse a mayor número de ciclos y mayor número de abortos.

 

Cuando el resultado es negativo o ha aparecido sangre los días previos, se suele experimentar una profunda decepción.  Surge la desconfianza en todo el equipo, baja la autoestima, se tiene una visión negativa sobre el futuro y se siente una profunda soledad.

Muchas veces, y esto es importante, se intenta suprimir la tristeza planeando el próximo ciclo, cambiando de clínica, sin dejarse tiempo de recuperación psicológica para asimilar qué está ocurriendo y tomar otras decisiones.

Cuando se reiteran los fracasos en los ciclos de tratamiento, aumenta la afectación emocional de las parejas. Cada vez la ansiedad, la angustia y el pesimismo es más elevado, reduciéndose los momentos de optimismo y esperanza durante el ciclo y aumentando las sensaciones de perdida/tristeza.

Aparecen fenómenos como la “indefensión aprendida” acuñada por Seligman (2000), cuando se espera de forma anticipada que el tratamiento va a fallar y se tiene la sensación de falta de control, de que no se puede hacer nada por cambiar el resultado.

Aumentan los sentimientos de culpa, baja la autoestima, y se tiene la sensación de que las emociones se han paralizado. 

Es característico que aparezca un conflicto emocional entre las ganas de tener un hijo y anticipar (de forma aprendida) que el tratamiento falle de nuevo.

Os recomendamos que dediquéis tiempo para descansar física y psicológicamente espaciando los tratamientos entre ellos. De forma que comencéis el siguiente tratamiento con energía y no por inercia. El hecho de tener la mente despejada, también os permitirá tomar decisiones, más reflexivas. Y no tener la sensación de que se vive por y para el tratamiento.

 

María Peña, psicóloga sanitaria